27/ Kafka en el bolso

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La luz se va y regresa inmediatamente, pero no la normalidad: me he quedado atrapada en el ascensor. Calma. No pasa nada. Pulso el botón de emergencia, conectado al servicio técnico. Una voz de mujer me informa de que en breve enviarán a alguien para liberarme. Me siento en el suelo, junto a la bolsa llena de fruta que sostenía. Me como un plátano. Calma. No pasa nada. Hay cosas peores que quedarse encerrada en un ascensor. Abrir el buzón, por ejemplo, y descubrir que has sido elegida para ser presidenta de mesa el día de las elecciones. Sí. Eso sería mucho peor. Me siento algo mejor. Peor, mejor: en un espacio tan reducido lo peor y lo mejor se tocan. Estoy desvariando. Me como una manzana. ¿Cuánto tiempo llevo aquí? Pulso el botón de emergencia. La voz de mujer se disculpa: “Resulta que el técnico está atrapado en otro ascensor. El apagón ha afectado a toda la ciudad”. Extraigo “La Metamorfosis” del bolso. Siempre hay que llevar a Kafka en el bolso, por lo que pueda pasar. Me como una pera. Realmente no se está tan mal aquí. Me pregunto si la vida es esto: esperar a que alguien nos libere de algo. No, no quiero mesías, ni políticos, ni técnicos de ascensores. Debo salir de aquí por mí misma, y si eso no es posible, hacer de este lugar un rincón formidable.