21/ Ridículo en el concesionario

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Cuarenta años sin coche. Pero tengo una hija y hay que tenerlo, para llevarla a la playa y esas cosas. En el concesionario, mi mujer y yo firmamos la compraventa del Dacia, el vehículo más barato que encontramos. Formalizada la compra, le pregunto al vendedor que cuándo tiene que pasar la ITV. Mi mujer me lanza una patada bajo la mesa. Ah, que los coches nuevos no pasan ITV hasta transcurridos cuatro años. No lo sabía. El vendedor me mira con pena, más bien con asco. “Vamos a ver -le digo al fulano-. Yo no tendré ni idea de coches. Pero tú, ¿qué me puedes decir de Houellebecq, por poner un ejemplo?”. Le ataco con literatura francesa, que es la que más duele. Sin embargo, el listillo me sorprende: “Me gustó más Plataforma que Las Partículas Elementales. Hablo de ello en mi último libro, número uno en ventas en Amazon”. Increíble. Un vendedor de coches leído (y escritor, y por encima exitoso). Mi mujer me mira con verdadero odio. Estamos haciendo el ridículo. ¿Por qué libramos batallas que no podemos ganar? La culpa de todo la tiene la niña.

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