14/ Cinco años

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Cinco años sin ir al dentista. “Creíamos que habías muerto”, me dice la secretaria –más delgada que hace un lustro-, mientras me pide que espere en la sala vacía. Cojo una revista cualquiera. No me concentro. La última vez que estuve aquí no conocía a mi mujer, no tenía una hija y todavía reinaba Juan Carlos I. Me asomo a una ventana que no se puede abrir. No sería la primera vez que alguien se quitase la vida ante la perspectiva de un empaste, de un drenaje gingival. De la pared cuelga un taco calendario del Corazón de Jesús. Leo la cita que acompaña el día de hoy: “Ojo por ojo, diente por diente”. Qué casualidad. Y qué poco cristiano. Los valores se están desmoronando, como España, como mi dentadura. La última vez que vi el taco fue en los pasillos de la Audiencia Nacional. Un Tweet desafortunado me puso entre rejas. Cinco años sin ir al dentista. La última vez que estuve aquí no conocía a mi mujer (mi abogada), no tenía una hija (concebida en prisión) y uno todavía podía decir lo que le diera la gana sin acabar sentado en un banquillo.

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