13/ Una ayuda inesperada

Resultado de imagen de hospital meixoeiro vigo

Cuando la camarera posó el café y el platito con los churros en la mesa, levanté la mirada del periódico y comprobé que le temblaba el pulso. Miré sus ojos y comprobé que estaban vidriosos. En ese momento, leía una noticia que hablaba de la misteriosa sustracción de material radiactivo contra el cáncer del hospital Meixoeiro de Vigo. Pero dejé de leer y le pregunté a la camarera qué le pasaba. “Son las navidades“, me dijo. Ah, pensé. Tiene nostalgia de su país. Ecuador, Perú,  Colombia, quizás Venezuela. “No -me dijo ella, que ya se había metido en mi cabeza-. Es que mañana es el primer domingo en que abren todas las tiendas, y por eso el jefe nos obliga a abrir la cafetería todos los días, de lunes a domingo. Estoy perdida. Ni un día de descanso. Maldito explotador sin escrúpulos“. “Tranquila“, le dije. Cogí el abrigo y extraje un frasco con un líquido incoloro en su interior. Se lo entregué a la camarera, con la instrucción de que vertiera unas gotitas en el gintonic que el jefe se tomaba todas las tardes. Ella sonrió y se fue, mientras yo volvía a la noticia de la sustracción de material radiactivo del hospital Meixoeiro, de Vigo.

 

 

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