25/ Óscar

P1070818

En 2007 yo todavía no conducía muy bien. Me acababa de comprar un Seat Ibiza de segunda mano que solo usaba los domingos y a la hora de la siesta, para practicar. Un día, sin embargo, decidí lanzarme a la aventura y cogerlo el sábado más caluroso de septiembre. Yo iba vestido de camisa y corbata, no recuerdo por qué, y el coche no tenía aire acondicionado. Pues bien. En una rotonda tomé por error la salida hacia la autovía, y en un abrir y cerrar de ojos ya había dejado atrás la ciudad. Unos kilómetros más adelante, tomé precipitadamente otra salida y la lié del todo: no tenía ni idea de dónde me encontraba. Finalmente, me detuve en un Stop. Una hilera de vehículos circulaban en la misma dirección. Me dije: seguro que van a Vigo. ¿Adónde, si no, iba a ir tanto coche? Así que los seguí, pero en nada comenzaron a subir por una estrecha vía de montaña, y yo detrás. ¿Un atajo? ¿Obras en la carretera principal?, me preguntaba. Sin embargo, pronto los coches fueron haciéndose a un lado, hasta que me quedé solo, circulando a muy poca velocidad. Fue entonces cuando vi a toda esa gente histérica apostada en los arcenes. Algunas personas comenzaron a abalanzarse sobre el capó, al tiempo que me llamaban por mi nombre: “¡Óscar! ¡Óscar!”, gritaban como locos. ¿Qué significaba aquello? ¿Cómo carajo me conocían? A pesar del calor y la corbata, que me estaba matando, subí la ventanilla del todo. A continuación escuché una sirena. Por el espejo retrovisor vi un coche patrulla de la Guardia Civil, cuyo conductor me ordenaba que me detuviese, y así lo hice. El guardia civil disolvió la muchedumbre, que no dejaba de gritar mi nombre, y me preguntó que a dónde me dirigía. “Yo solo quiero regresar a Vigo“, le dije, al borde del llanto y sudando copiosamente. Fue cuando vi todas esas letras blancas sobre el asfalto: VAMOS ÓSCAR. FORZA ÓSCAR. ÓSCAR CAMPEÓN. Vaya. O mucho me quería la gente o me había metido de lleno en una de las etapas de la Vuelta Ciclista a España, a su paso por Galicia. Porque solo entonces supe que la gente quería ver al ganador del Tour Óscar Pereiro, y no a Óscar Montoya, escritor autoeditado. Así que me subí al coche, crucé la meta del Premio de Montaña y me dirigí, siguiendo las indicaciones del guardia civil, a Vigo. Al llegar a casa, encendí la tele para ver cómo Óscar pasaba por donde Óscar ya había pasado antes. Y me dije: algún día tendrás que contar esta historia.

24/ Jefe bio

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Qué lechugas, qué tomates, qué patatas. Desde que mi jefe se divorció, ha convertido su hogar en un templo de lo orgánico, de lo sano, de la biodiversidad. Paneles solares coronan su casa. Lo que cultiva es para su propio consumo. Los huevos de la ensalada tienen una pinta estupenda, se diría que a las gallinas las ampara un convenio colectivo mejor que el mío. Su nueva novia es rarita. Mi mujer piensa que es la inductora de todo esto, de la transformación del otrora tiburón de los negocios en una suerte de cazador recolector crepuscular. Es como el Cuento de Navidad de Dickens en versión bio. El ogro, el tirano, el que nos explotaba, ahora nos sigue explotando pero se marca detalles como esta cena. “Montoya -me había dicho unos días antes-. ¿Cuánto lleva en la empresa? Le invito a usted y a su mujer a cenar a casa“. Y qué cena. Y qué tomates. Todo riquísimo. Pero algo en mis entrañas se desmorona y siento la necesidad de utilizar el retrete. Ya amanecí con molestias, no debería haber comido tanto. “¿El cuarto de baño?“, le pregunto a mi jefe. “¿Vas a hacer de vientre?“, responde mi anfitrión, dejándome de piedra. “Esto… yo…“, balbuceo. Mi mujer me lanza un puntapié bajo la mesa. “¿Has tomado antibióticos o ingerido carne tratada con antibióticos?“, me suelta ahora el empresario. “Esto… …yo…“, sigo sin saber qué decir, muerto de vergüenza. “Verás, Montoya -se explica el fulano-. El váter está diseñado para conservar las heces. Las utilizamos como abono de las hortalizas y verduras que tienes en tu plato. Si no has consumido antibióticos ni hormonas puedes cagar sin problema“. Vaya. Todo riquísimo, sí. Pero prefería la patronal de antes.

 

 

 

 

 

23/ Mecano

Resultado de imagen de imágenes vigo incendio

Mi obsesión por Mecano, y por otros grupos de los ochenta, comenzó una lluviosa y tibia noche de octubre, mientras mi hija de año y medio dormía y mi mujer calcetaba en el salón un poncho de colores apagados. Días antes, humanos desalmados habían quemado miles de hectáreas de monte gallego y los independentistas Sánchez y Cuixart habían sido enviados a Soto del Real por orden de la jueza de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela. Se entiende que en tales circunstancias, me hallase tan bajo de defensas que la nostalgia –esa vieja y hermosa bacteria-, hiciese mella en mí. ¿Y por qué Mecano? Lo explicaré. Tiene que ver, precisamente, con los mecanismos de la nostalgia. Yo fui uno de los que en mi tiempo puse a parir al grupo, por presuntamente pijo y porque me caían mal los hermanos Cano, a quienes mi prejuicio obrero hacía de buena familia. Sin embargo, mi país, mi sociedad, mi mundo, se va alejando tanto del que conocí, que la añoranza se ha convertido en una especie de Arca de Noé del recuerdo donde no puede faltar nada ni nadie. Dentro de ese Arca, la música de Mecano me parece ahora excepcional. Dentro de ese Arca, conservo la imagen de España que siempre he tenido, y no la que ahora unos y otros nos quieren vender. Dentro de ese Arca, los que ya no están entre nosotros vuelven a ser niños. Dentro de ese Arca, no hay más animales que mis viejos amigos.

 

22/ Influencer encuentra a dios

Resultado de imagen de ingleses benidorm

Me lo advirtió mi representante, No te hagas selfies en lugares elevados, y menos en la azotea del rascacielos más alto de Benidorm, y ahora, mientras caigo al vacío, mientras me aproximo al suelo enfundada en mi vestido de Bershka, pienso en las palabras de mi representante, pienso en cómo he podido ser tan estúpida, y en la muerte tan ridícula que me espera, en eso sigo una tradición familiar, a mi padre se le paró el corazón sobre una muñeca hinchable, a mi bisabuelo le cayó un peñasco encima mientras se trajinaba una gallina, pero también pienso en dios, el último like que me falta, el más preciado, y en que en nada me reuniré con él, extraña manera de alcanzar el cielo, Benidorm a mis pies, las nubes cada vez más lejos, los ancianos y  los ingleses borrachos cada vez más cerca, ya lo dijo San Juan de la Cruz, No habrá quien alcance / Y abatime tanto tanto/ que fui tan alto tan alto / que le di a la caza alcance, es decir, que cuanto más bajo caigas más cerca te encontrarás de dios, y yo voy como un cohete hacia abajo, disparada hacia abajo, mi mente proyecta escenas de mi vida, la comunión, el primer vestido, la primera foto, el entierro de mi padre, Benidorm es precioso, la gente subestima Benidorm, me contrató el ayuntamiento para hacerlo viral, les saqué una pasta, tengo veinte años pero el doble de vida, ya casi estoy, libero el móvil de mi mano, menos mal que le compré una funda con paracaídas, la tenemos cuatro, ya casi estoy, ya distingo al creador, ebrio y sin camiseta, con un escudo del Liverpool tatuado en el pecho.

21/ Ridículo en el concesionario

20170212_134345

Cuarenta años sin coche. Pero tengo una hija y hay que tenerlo, para llevarla a la playa y esas cosas. En el concesionario, mi mujer y yo firmamos la compraventa del Dacia, el vehículo más barato que encontramos. Formalizada la compra, le pregunto al vendedor que cuándo tiene que pasar la ITV. Mi mujer me lanza una patada bajo la mesa. Ah, que los coches nuevos no pasan ITV hasta transcurridos cuatro años. No lo sabía. El vendedor me mira con pena, más bien con asco. “Vamos a ver -le digo al fulano-. Yo no tendré ni idea de coches. Pero tú, ¿qué me puedes decir de Houellebecq, por poner un ejemplo?”. Le ataco con literatura francesa, que es la que más duele. Sin embargo, el listillo me sorprende: “Me gustó más Plataforma que Las Partículas Elementales. Hablo de ello en mi último libro, número uno en ventas en Amazon”. Increíble. Un vendedor de coches leído (y escritor, y por encima exitoso). Mi mujer me mira con verdadero odio. Estamos haciendo el ridículo. ¿Por qué libramos batallas que no podemos ganar? La culpa de todo la tiene la niña.

20/ Atasco

Resultado de imagen de atasco vigo

Atasco monumental. Enciendo la radio. Otra vez el monotema: Cataluña. Para ser casi octubre, hace un calor insoportable. Apago la radio. Miro a mis vecinos de embotellamiento. Guardo la esperanza de que la ocupante del Seat que se halla a mi izquierda, casi a mi altura, se fije en mí. Es guapísima y hace poco que leí el famoso relato de Cortázar en que un hombre y una mujer se enamoraban en un atasco kilométrico a las afueras de París. Pero entre nosotros se interpone un repartidor de pizza. Santo dios bendito. ¿Quién pide pizzas a las doce y media de la mañana? Los conductores están de morros. Pitan una y otra vez hacia un culpable quimérico, inexistente. Es el momento de las corbatas. De acordarse cuánto aprieta una corbata en el pescuezo, en circunstancias como esta. Hace un calor insoportable. El monotema catalán llega hasta aquí, procedente de otras radios, de otros vehículos. “Despacito, despacito“, canta un tipo a mi derecha, al borde del llanto. Lo malo del cambio climático es que las canciones del verano se quedan hasta diciembre. Lo saben las discográficas, lo sabe Spotyfy. El cabreo es ensordecedor. Ojalá la del Seat repare en mí. Tengo cuarenta y tantos años. A la una menos cuarto tengo cita con el urólogo, ya llego tarde. No me importa. El primer tacto rectal de mi vida puede esperar.

 

 

 

19/ Mala hija

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Mi madre le ha dicho a una vecina suya, que tiene una duda sobre la pensión que recibirá cuando se jubile, que vaya a la oficina de la Seguridad Social donde trabajo y que pregunte por mí; luego me ha llamado para rogarme que le haga ese favor, que la vecina se presentará esta misma semana en la oficina y que por favor le atienda con carácter preferente, como ya hice antes con el carnicero donde compra la carne, con la peluquera donde se hace la permanente, con el dueño de la sala de juegos donde apuesta a las carreras de caballos, con la mujer esa con la que juega a las cartas, la que viste y maquilla a los muertos para el funeral, No mamá, esta vez se ha acabado, esta vez no voy a ceder, me van a dar el toque, dile a la vecina que pida cita como todo el mundo, estoy harta de pasarlo mal por estas cosas, esto de los favores es cosa de antes, de otro tiempo, de dos generaciones como mínimo por encima de la mía, Sí, ya sé que tu amiga me ayudó a nacer cuando rompiste aguas y no te dio tiempo a ir al hospital, y que cortó el cordón umbilical que nos unía con el cuchillo de su marido el carnicero, que luego me lo regaló por mi vigésimo cumpleaños, por eso mismo no quiero ser yo quien le diga que va a recibir una pensión de miseria, odio tener que arruinarle el día a la gente del barrio.