2/ Ángel

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En el ambulatorio, una anciana me pregunta: “¿A qué hora tiene cita?” “A las nueve”, respondo. Dios. Ya es la quinta vieja a la que se lo digo. Son las diez de la mañana. Ha pasado tanto tiempo desde que entró o salió la última persona, que nadie sabe si hay alguien dentro. Cinco minutos más, y alguien pondrá a parir a la Sanidad, al Gobierno, y por último, a la doctora Ibáñez: “Desde el divorcio no ha vuelto a ser la misma. Ahora se lo toma con calma”, asegura un señor que ocupa dos asientos. Entonces se me ocurre algo. Inspirado por algo que no sabría decir, le digo a la anciana: “Cuénteme qué le ocurre”. La mujer me mira, incrédula, y se sienta a mi lado. No tiene nada que perder. “Siento un zumbido en el oído derecho que no me deja dormir”, afirma. Me acerco a ella y examino su oído. “No veo nada raro –le digo-. Deje de ver Sálvame y el zumbido remitirá”. La mujer se marcha, agradecida, mientras ausculto a un hombre hipertenso: “No deje de fumar. Deje el trabajo”, sentencio. Media hora más tarde ya he atendido a diez personas y la sala se encuentra vacía. Solo quedo yo, con mis dolencias. Finalmente, la voz de la doctora Ibáñez me llama por el interfono: “Michael Landon, puerta 2”.

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